La cabeza y las canciones
Cómo aparecen, cambian y sobreviven las ideas.
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Antes de ser un nombre artístico fue una dirección de correo. Después empezó a quedarse.

02 — EL NOMBRE
“Mario Magno es un alter ego que se ha hecho carne en mí a través de los años.”
Una arqueología personal
Fue alrededor de 2000 o 2001 —la fecha exacta quedó borrosa—, cuando internet todavía llegaba con la extrañeza de lo desconocido. Mi novia se había ido de Puerto Madryn a estudiar en Buenos Aires y, en una visita, me dijo que necesitaba una dirección de correo para que pudiéramos escribirnos gratis.
Hotmail sonaba raro. Un cyber café cobraba por hora y nadie sabía muy bien qué parte de su identidad convenía poner en aquella dirección nueva. La recomendación era usar algo reconocible, pero no demasiado.
Mezclé mi primer nombre con el apellido de Alejandro Magno, mi personaje histórico favorito. La trilogía novelada por Valerio Massimo Manfredi había llegado a casa y yo había quedado fascinado con Aléxandros.
La operación fue mínima: dos palabras para fabricar un correo. Durante varios años, Mario Magno no fue más que eso.
Con el tiempo apareció una distancia entre quien hacía la vida cotidiana y quien escribía, tocaba y se imaginaba arriba de un escenario. Mario Magno dejó de funcionar solamente como firma y empezó a comportarse como un alter ego.
No hubo una ceremonia ni una fecha fundacional. Hay recuerdos aproximados: hacia 2006 o 2007 comenzó la separación; alrededor de 2013 esa convivencia ya era evidente. No son mojones certificados, sino la memoria de una transformación gradual.
El nombre permite exagerar una potencia, sostener una dirección y habitar el espacio de la obra. Pero no inventa una biografía alternativa. Está hecho con la misma memoria, los mismos viajes, los trabajos, las pérdidas, el humor y las obsesiones de quien lo lleva.
Por eso este sitio no separa del todo a Mario de Mario Magno. Los distingue lo suficiente como para entender el mecanismo y los vuelve a juntar cuando aparecen las canciones.
De una dirección de email
MARIOa una forma de habitar la música.
Las otras dos puertas